Aprender a ser y a dejar ser. Vol. II Comprar ahora

Aprender a ser y a dejar ser. Vol II

Año: 2002

Autor(es): Rosario Chávez y Sergio Michel

Editora Norte - Sur

Hay un tiempo para amar, un tiempo para odiar, para sembrar, para cosechar... En Aprender a ser II también hay un tiempo para obedecer y un tiempo para desobedecer. Educadores, de todo el mundo, alarmados por la descomposición social enarbolan la bandera de la disciplina y la consistencia para enderezar al mundo. Los jóvenes a menudo acorralan a sus mentores cuando les reclaman: ¿Porqué a Daniel sí y a mí no?... El camino del Desarrollo Humano, sin embargo, invita a distinguir cuando es tiempo de obedecer las reglas; y saber cuándo es tiempo de desobedecerla. En otro libro los Michel sostienen que la lealtad a un grupo o a una organización hecha a costa de la lealtad a sí mismo, promueve la prostitución de la esencia humana”. En esta obra elaboran sobre el tema: Cuando por lealtad a una regla actuamos contra la vocación y el espíritu de una persona, nos hacemos cómplices del asesinato de la vitalidad y la autonomía; nos hacemos cómplices del cultivo de humanoszombis. La consistencia, la institucionalidad, la legalidad, el orden... tienen su importancia, su utilidad, su momento... Sin embargo, ocasionalmente, por hacer cumplir una regla excluimos la escucha y dejamos de entender el contexto y origen de la desobediencia. Corremos entonces el riesgo de ir contra la esencia y a la vocación humana... Seguir el espíritu de una ley diseñada para la promoción humana, la equidad, la justicia... requiere mucho más que una mente disciplinada al estilo de la sociedad alemana en tiempos de Hitler. Según Fromm, un acto de desobediencia dio principio a la historia de la humanidad cuando Adán y Eva se atrevieron a probar de la metafórica fruta prohibida...y no es improbable que un acto de obediencia ponga fin a la especie humana. Dolorosas aberraciones i. e. la pederastia y otros síntomas sociales como la falta de autonomía y la tolerancia al maltrato... son parte del precio de confundir los fines con los medios. Cuando un educador, padre o maestro, ejerce la autoridad y la disciplina desde sus propias heridas, sus carencias, sus adicciones psicológicas, sus áreas ciegas, sus hábitos ancestrales y disfuncionales... no podrá distinguir entre lo que es, o hubiese sido bueno para él en otros tiempos y contextos y lo que es bueno para el otro, ese magnífico ser humano individual y único que dice proteger.